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Un Producto Norte - Sur

El comercio internacional de bienes y servicios se ha caracterizado por un intercambio entre los países más desarrollados ("Norte-Norte") mucho más amplio, diverso y de mayor impacto que el que se produce entre países desarrollados y en vía de desarrollo ("Norte-Sur"). El café es un producto "Norte-Sur" debido a que su comercio se presenta primordialmente entre países desarrollados y  países en desarrollo localizados en zonas tropicales y templadas propicias para su cultivo. Del total de café producido en el mundo, cerca del 80% se destina al mercado internacional y tan sólo el restante 20% es consumido internamente en los países productores.

El café se produce en más de 60 países en vía de desarrollo o economías emergentes. Es así como aproximadamente el 25% del total de exportaciones mundiales de grano provienen de Brasil, seguido por Vietnam con el 15% y Colombia con el 11%. El restante 49% es embarcado desde países de Centro y Sur América, Asia y África. Por su parte, los principales importadores son Estados Unidos (25%), Alemania (18%), Japón (8%)  e Italia (8%). En el mapa anexo se ilustra cómo en los círculos rojos, se destacan los principales países importadores del "Norte" por su tamaño de producción, y en los círculos azules los principales países exportadores.

Durante el siglo XIX y buena parte del siglo XX, el café fue el segundo producto básico o commodity más transado en la economía mundial, después del petróleo. En la medida  que más de veinticinco millones de campesinos de  países en vía de desarrollo dependen de este producto, y que una gran proporción de la demanda se concentra en países desarrollados, el café adquirió, en el mundo de la posguerra, una gran relevancia geopolítica. Los países desarrollados de occidente, conscientes del alto impacto social del café y la dependencia del ingreso externo de los países exportadores de la evolución internacional de sus precios, no dudaron en implementar esquemas de cooperación para asegurar el ingreso cafetero de los países productores y así coadyuvar a su estabilidad política y social.

Para el caso del café, que tiene características estructurales de oferta y demanda tales como baja elasticidad al precio y baja elasticidad al ingreso, se desarrolló un marco de cooperación durante la crisis de precios que se presentó en la Segunda Guerra Mundial. El primer intento de los países productores por establecer una asociación tendiente a regular el precio del café se dio en 1940 a través del Acuerdo Interamericano del Café, que buscaba una división equitativa del mercado de los Estados Unidos entre los países productores de América Latina. Posterior a este acuerdo, en octubre de 1954 se firmó el "Pacto de Caballeros" entre  el Instituto Brasilero del Café, la Federación Nacional de Cafeteros, y la Federación Cafetalera de Centroamérica y México, a través del cual se acordaron precios fijos mínimos durante ocho meses. Más adelante se intentó construir mecanismos que permitieran el control de la oferta y  la disminución de los precios, como la retención de excedentes en la cosecha 1955 - 1956 por parte de Brasil, Colombia, El Salvador y México, la cual produjo incrementos en el precio durante el periodo 1955 - 1957. A finales de 1954, países de Europa y África se unieron a las reuniones de los países latinoamericanos, lo que sirvió de marco para la creación de la Organización Internacional del Café (OIC).

Tras aprender que para lograr cumplir los acuerdos se debían imponer reglas más fuertes, en 1957 los principales productores latinoamericanos impusieron cuotas a la producción. Sin embargo, la continua caída de los precios los obligó a reunirse de nuevo en 1958, dando la posibilidad de denunciar irregularidades y violaciones del convenio. A pesar de estas medidas, el precio continuó a la baja, propiciando la creación del primer Acuerdo  Internacional del Café de 1959, que contó con la participación de la mayoría de los países productores latinoamericanos y entró en vigor en 1962. Desde entonces se han efectuado sucesivos acuerdos y prórrogas de los mismos, siendo el más reciente el aprobado por el Consejo Internacional del Café en septiembre de 2007.

Los acuerdos mencionados permitieron la creación y funcionamiento de la Organización Internacional del Café (OIC) a partir de 1963, al igual que la existencia de cuotas de exportación entre 1962 y 1989. Es de anotar, que fue dentro de las iniciativas del gobierno del presidente John F. Kennedy, conocidas como la Alianza para el Progreso, que se desarrollaron diversos acuerdos que regularon, entre 1962 y 1989, el comercio "Norte-Sur" de café con la participación tanto de los productores como de los principales países consumidores de la bebida.

La participación de países importadores en este tipo de acuerdos es hasta cierto punto excepcional en la medida que cualquier acuerdo que restrinja la oferta mundial de un producto implica un aumento de sus precios y un efecto adverso sobre los consumidores. En ese contexto, hay dos motivos que explican la participación de los países importadores en este tipo de arreglos multilaterales. El primero relacionado con que los consumidores también obtengan beneficios de instrumentos que regulen la oferta y la demanda de un bien básico. Estos controles ayudan a atenuar los aumentos de los precios en épocas de escasez del producto, reduciendo así la volatilidad de las cotizaciones y permitiendo a los industriales ganancias más predecibles. La segunda motivación es de índole geopolítica y se encuentra asociada al objetivo de ayudar a las naciones pobres que suelen ser las mayores productoras y exportadoras de bienes básicos. La búsqueda por mejorar las condiciones de los productores y mantener sus ingresos tiene claramente un efecto positivo para la estabilidad económica de decenas de países y para un elevado número de personas. Los productores y sus familias que dependen del café equivalen a una población total similar a la de Japón, sin contar las personas que derivan su ingreso de procesar, distribuir o mercadear café en el mundo.  

A partir de 1989, con la expiración del Acuerdo, los precios del café mostraron una caída ininterrumpida hasta 1992. Desde ese entonces el precio ha mostrado una gran volatilidad que puede generalizarse en dos grandes periodos: el primero entre 1993 y 1997, caracterizado por precios elevados, y el segundo entre 1998 y 2005, en el cual las cotizaciones del café fueron bajas. Estas variaciones encuentran su explicación en la interacción entre oferta y demanda, debido a lo cual en un mercado no regulado, posterior al pacto de cuotas, se permitió la entrada de nuevos productores con la consecuente sobreoferta de grano.

Un ejemplo de lo anterior, es el crecimiento de la producción cafetera en Vietnam, país que en 1989 era un participante poco significativo en el mercado el cual, paulatinamente a partir de entonces, incrementó su producción a una tasa anual de 16% hasta convertirse en la actualidad, en el segundo exportador mundial del grano. Durante el período 1989-2008, las exportaciones brasileras aumentaron de forma gradual, a una tasa anual cercana al 3%, conservando su preponderancia en el mercado. Las exportaciones colombianas han exhibido una tasa de crecimiento más modesta que ha sido complementada con el desarrollo y exitoso manejo de una estrategia de generación de valor agregado concentrada en mejorar la calidad del café y obtener mayores ingresos para los caficultores colombianos. Como resultado, las exportaciones mundiales se han incrementado a una tasa anual de cerca del 1,5%. Por su parte, el consumo ha presentado una tendencia creciente durante el mismo periodo gracias a una tasa de crecimiento anual equivalente a 1,7%.

La implementación de los acuerdos internacionales llevó a los países a desarrollar diferentes sistemas de administración de los mismos para cumplir sus responsabilidades frente al acuerdo. Algunos de estos sistemas tuvieron su origen en el legado colonial y otros se fueron desarrollando con el paso de los años. En consecuencia, los países productores  crearon un sinnúmero de instituciones orientadas a fomentar y dirigir la industria del café, y con ellas diferentes modelos de economía institucional del café. Uno de los modelos sin duda más excepcionales es el de la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia (FNC), cuya vigencia se mantiene desarrollando proyectos de agregación de valor, gestión ambiental y social bajo el marco de los programas de sostenibilidad en acción.

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